Se abre el telón, empieza la función, la gente espectante, quieren ver, disfrutar, escuchar, reír, y por que no, si se tercia, llorar. Él teatro es una forma de vida, es otra vida.
Estamos acostumbrados a ver a los actores dentro de un cajón, hablar por un altavoz de un televisor, a escucharlos con voces en off, con planos escorzos y música extradiegética, el realizador escoge el plano que tienes que ver, es ese y no otro, estás vendido.
El teatro, es otra cosa. Tú escoges qué mirar, cada función es única e irrepetible. Cada día no se respira el mismo feeling en la sala, depende del público, de las ganas del actor y del feedback que se crea entre intérpretes y público. Es una experiencia.
¿Habéis probado llevar a alguien por primera vez al teatro?
¿Habéis visto esa cara de sorpresa al ver a esos actores que tanto admira actuando para él/ella a menos de cuatro metros de distancia?
¿Habéis repirado esa ilusión por querer aplaudir más que nadie al final de la obra, por querer hacerse una foto para inmortalizar el momento?
El teatro está lleno de admiración, de sentimiento, de verdad. Es el medio de actuación donde si no hay verdad, no hay nada, estás desnudo, sin red, si te equivocas, te has equivocado, no hay "corten" que valga, es el aquí y el ahora, los nervios en el estómago y sálvese quien pueda, por eso, amo el teatro, porque es un trabajo de valientes, de kamikaces, de "locos", y si te sientes así , cundo se abre el telón, tanto arriba como abajo del escenario, es que lo tuyo bonito/a es puro teatro.
jueves, 25 de septiembre de 2008
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